El ha resucitado!
¡Feliz Pascua de Resurrección!
“55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? “ (1 Co 15:55).
Nada como la visión de la tumba vacía, puede hablarnos mejor, del verdadero poder de Dios. Cuando el enemigo creyó que tenía la victoria, se encontró con que Dios el Padre liberó su poder, llenando de gloria la vida de su Hijo y resucitándolo. Levantándole de entre los muertos, y sentándole a su diestra en su reino Celestial.
“4Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea” (Lc 24:4-6).
La
obediencia había dado su recompensa, el nuevo día estaba naciendo, el sol de justicia
ya asomaba, alumbrando con verdadera y plena luz, la vida de aquellos, que,
hasta el momento, habían vivido en las sombras de la enfermedad, el dolor, la
desesperanza; angustia y opresión.
La verdadera paz, hizo un puente, abriéndose paso entre las malezas de las tinieblas, el pecado y, sobre todo, la terrible orfandad por la carencia de un Dios Padre a quien acudir.
“2puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (He 12:2).
“5Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Fil 2:5-10).
Ahora, los brazos de esa cruz, testigo del dolor inconcebible que sufrió el Salvador, se abren hacia los pecadores que corren a ella en busca del refugio reparador. De ese consuelo, que en la tierra es imposible de hallar.
Por ello, si en este tiempo, necesitamos un socorro, un calor que aliente nuestra alma dolida, o el aceite reparador para las cicatrices de heridas recibidas; miremos a ese Dios Padre, ese Hijo obediente, y sobre todo el amado Espíritu Santo. Que descendió del cielo, para habitar, en estas vasijas deseosas de sentir es sus corazones el aleteo de esa paloma divina que en sus alas trae la Salvación.
Y que la sangre derramada, también nos libre de toda contaminación mundana, y por medio de la reconciliación con el Padre, recibamos la victoria sobre los enemigos de nuestra alma.
¡Celebremos entonces, la resurrección de Cristo! Porque, en ella está el perdón de nuestros pecados y la vida eterna de nuestra alma.
EL VIVE HOY (himno)
¿Por qué buscas en la tumba
¿A aquel que vivo está?
Recuerda su promesa: "¡me levantaré!"
La piedra removida
Su cuerpo no se halló
Ha llegado el tercer día
¡El señor resucitó!
Bendito sea el dios
Y padre del señor Jesús
Quien vive hoy
Esperanza viva tengo
Vida junto a él me dio
Y de la muerte me resucitó
Perfecto sacrificio
El padre recibió
Segura garantía de nuestra justificación
Cuando vuelva por su iglesia
Las tumbas se abrirán
Y los que han dormido en cristo
Con él resucitarán
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón
Sepulcro, ¿dónde tu victoria?
Si cristo con su muerte te venció
Del pecado él nos liberó
Y ha reclamado su victoria
La tumba no lo pudo retener
Él vive hoy, él vive hoy
Declaración final
¡Glorioso el día que de la muerte él resucitó!