La alta y esbelta figura de la montaña, hería el horizonte, que en respuesta derramaba sobre ella sus cálidos y rojizos hilos de colores rojizos del atardecer.
La Visión de la montaña, lleva a su conquista por aquél que la percibe.
“Si llegásemos a atrevernos, este libro puede ser un muy poderoso tónico energizante para sus sueños. El cual desmalezando los sentimientos más profundos de nuestra alma; aquellos, que hasta ahora pudieran estar siendo un obstáculo para la conquista. A la vez, que de manera encomiable, llevarnos al desafío del logros de nuestras más anheladas metas”.
Es que los sueños, los encontramos allí, en la cumbre del pensamiento divino, en la meditación de lo glorioso y sublime. Donde las mezquindades sienten pudor de siquiera atisbar. Hemos sido formados, para sobrepasar victoriosamente la atmósfera de lo terrenal, de lo organizado, y de los presupuestos límites”.
“Será, entonces, que caeremos en la cuenta, que la montaña de nuestros sueños; nuestro monte Abarim, (G5682) “la región más allá” que eso significa.
Tan desafiante y austera como nos pareciera, siempre ha estado allí; esperándonos, pero sobre todo, tan nuestra. ¡Solo debíamos conquistarla!
“... Sube a este monte Abarim ... y verás la tierra...” (Nm 27:12).